A propósito de la iniciativa 6 de 6: Transparencia sí, pero con constitucionalidad y rendición de cuentas para todos.
La propuesta de establecer una declaración 6 de 6 para quienes aspiren a una candidatura parte de una premisa que comparto: la ciudadanía tiene derecho a conocer a quienes pretenden representarla y a exigirles estándares elevados de integridad y transparencia.
Sin embargo, precisamente porque hablamos de derechos político-electorales y de acceso a cargos de elección popular, la propuesta debe revisarse con mucho cuidado desde el punto de vista jurídico.
No todo lo que es políticamente deseable puede convertirse automáticamente en un requisito jurídico.
Tenemos que preguntarnos cuál es el fundamento constitucional de cada requisito, cuál es la autoridad competente para establecerlo y, sobre todo, si alguno de ellos pudiera representar una restricción adicional a los derechos político-electorales que rebase lo establecido por nuestra Constitución.
Aunado a ello, la transparencia no puede convertirse en discrecionalidad.
Si queremos fortalecer nuestra democracia, los mecanismos de evaluación deben ser objetivos, verificables, transparentes y respetuosos de los derechos fundamentales.
Pero además, creo que estamos dejando fuera una parte fundamental de la discusión.
La 6 de 6 no debería ser solamente para quienes quieren entrar a un cargo. También debe existir para quienes están por salir.
Porque así como queremos saber quién es una persona antes de pedirle nuestro voto, tenemos derecho a saber cómo termina su responsabilidad pública.
Queremos saber con qué patrimonio llegó y con cuál sale; qué compromisos asumió y cuáles cumplió; qué decisiones tomó; qué resultados dejó; qué conflictos de interés enfrentó y cómo los resolvió.
No podemos exigir transparencia únicamente el día en que alguien quiere aparecer en una boleta; la rendición de cuentas debe acompañar todo el ejercicio del poder: desde la entrada hasta la salida.
Por eso mi propuesta sería muy sencilla:
6 de 6 para entrar, pero también 6 de 6 para salir.
Sí a la transparencia.
Si a la rendición de cuentas.
Sí a elevar los estándares de quienes aspiran a gobernar.
Pero también si a la Constitución, sí al debido proceso y sí a reglas objetivas que no permitan que un tercero tenga, de manera discrecional, la capacidad de decidir quién puede o no puede participar en una elección.
Porque si verdaderamente queremos recuperar la confianza de la ciudadanía, no se trata solamente de preguntarnos:
¿Quién puede llegar?
También tenemos que preguntarnos:
¿Cómo llegó, qué hizo y cómo va a salir?
Ese, me parece, es el verdadero sentido de una democracia con rendición de cuentas.
Pueblito Rangel

