Amante del Buen Comer® Uno de verde

 

Por: Amante del Buen Comer®

En México nos comeremos todo. Animales, plantas, insectos, semillas, flores, raíces y hasta colores. Y digo esto último pensando puntualmente en la próxima festividad nacional que estamos por celebrar, el día de la candelaria, la presentación del Niño Jesús al templo, el cierre de las fiestas navideñas, el momento más óptimo para comer tamales hasta el hartazgo sin ser juzgados.

El tamal es ese manjar de los dioses elaborado con el sacro alimento de los mexicanos: el maíz. No solo la masa, que es el ingrediente más relevante del tamal, sino la envoltura natural del mismo, con la hoja de la mazorca. Así pues, el tamal es un alimento de origen precolombino, mesoamericano preparado a base de masa de maíz relleno de ingredientes varios como carne, vegetales y salsas.

Su preparación lleva paciencia, delicadeza y entrega. Desde la preparación de la masa, el de cada uno de sus guisos y la selección de las hojas, pasando por la perfecta colocación en la famosa “olla tamalera” y el tiempo de espera para su cocción, son los momentos claves para después poder disfrutar de esta ricura.

Hoy en día, la variedad de sabores y colores es enorme: “de verde”, “de rojo”, de un estado, de otro, de dulce, gourmet, de una región y de otra. Todos ellos, al unísono, son gran muestra de la gastronomía de nuestro país y de sus diferentes regiones culinarias. Aquí les platicaré de algunos con el ánimo de que conozcan un poquito más de ellos.

“De verde” y “de rojo”. El tradicional tamal es aquel relleno de carne de cerdo o pollo sazonado en salsa verde o roja, envuelto en hoja de maíz, con forma cilíndrica. En mi querida CDMX, lo puedes encontrar en diversos puntos de la ciudad, ya sea en el tradicional carrito (bicicleta adaptada para su transporte) o en establecimientos cerrados. Si esto no es suficiente, se puede meter uno de estos tamales en un bolillo, creando así la famosa “guajolota”, que permite disfrutar a quien la come, toda la experiencia chilanga.

Xala. Cuando pienso en Hidalgo, estado de donde es mi familia, no hay forma de que no piense en un tamal de Xala. Rellenos de pipián (mole a base de pepita) acompañados de hojas de tequelite, con carne de cerdo y frijol “ayacote”, esta delicia es una tentación que cada que voy al pueblo me hace caer en el pecado de la gula (sí, me he llegado a comer 4-5 sin problema).

Zacahuil. Originario de la región huasteca, el Zacahuil es un “tamal gigante” cuya preparación original era para grandes celebraciones como bodas y bautizos. Su contenido es variado, y el tamaño del mismo es sorprendente, medio cerdo y un par de guajolotes pueden incluirse ahí sin ningún problema, pudiendo llegar a medir hasta 5 metros. Todo ello sazonado con hierbas y salsas. Al igual que el pozole, este platillo tiene también un origen peculiar, pues cuenta la leyenda que el primer Zacahuil fue hecho con la carne de Huehuetli, un hombre mexica que atentó contra la vida de varios huastecos quienes cobraron venganza de esta forma.

Oaxaqueño. Este, a diferencia del tradicional, está envuelto en hoja de plátano y su presentación es plana y cuadrada. Su contenido puede variar, mi favorito es el de mole negro de Oaxaca con pollo.

 

Chiapaneco. Con una presentación igual a la de los Oaxaqueños, el de Chiapas está preparado con carne de puerco, almendra, ciruela pasa y mole dulce. Si quieren probar unos muy buenos de este tipo, les recomiendo los de Los Pumpos en la colonia Portales en la CDMX.

Tamal de dulce. Tengo que confesar que no soy aficionada de este tipo de tamales. Para mi el tamal es salado. Sin embargo, además del famoso tamal rosa fosforescente “de dulce”, existen ahora un sin número de sabores para este tipo como de chocolate, Oreo, cajeta, Nutella, Gansito, etc. Ahora, tengo que confesar que sí hay un tamal de este tipo que me fascina y que apenas descubrí en esta pandemia… el tamal de natilla de Tamay, en Juriquilla, Queretaro. Esta exquisitez tiene un relleno cremoso, dulce y que, al contraste con el maíz, hace de cada bocado un festín al paladar.

Podría seguir enlistando tipos de tamales, como el piltamal (sobre todo el que hacía mi querida Tía Licha, QEPD) los de mariscos, los veganos, cualquiera gourmet (queso de cabra, pato, etc.), los de picadillo de mi abuela (QEPD), entre otros, pero el espacio es reducido. Así que, sin más, deseo que esta semana disfruten de tantos tamales puedan, que los gocen y que cada mordida sea un momento de placer.

¿Cuál es tu tamal favorito?
¡Buen provecho!
Amante del buen comer®

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