Aprende en casa II y su contribución al anti-intelectualismo

El maestro que enseña jugando acaba jugando a enseñar. El alumno que aprende
jugando acaba jugando a aprender
Unamuno
La estrategia educativa Aprende en casa II trasmitida por televisión es deplorable. Muchos, entre ellos algunos padres de familia, consideran que la programación es aburrida, cansada, fastidiosa y no llama la atención de los niños que siguen la transmisión.

A pesar de que otros valoran la programación como divertida y bien diseñada, pues propicia el interés de los estudiantes, existen aquellos que piensan lo contrario; incluso, proponen algo similar a Art Attack (un programa británico de televisión infantil cuya intención es despertar la imaginación o la creatividad).

Las posturas son diversas. Sin embargo, algunas opiniones coinciden en la necesidad de entretener o divertir mientras se enseña y aprende. Probablemente,  esta casualidad obedece a la idea de que embelesar la atención de los escolares garantiza su aprendizaje.

La neurociencia (que, por cierto, ha incursionado en los diferentes principios pedagógicos hegemónicos), sugiere que al activar la atención del alumno, éste procesa información y comienza a adquirir de manera directa o indirecta el aprendizaje; y propone el juego como recurso para producir tal efecto.

Por su parte, la página de internet “Aprende en casa” exterioriza también la necesidad de cautivar la atención de los alumnos. La web, cuenta con un enlace con la plataforma “Pruébat”  desarrollada por la fundación Carlos Slim-, donde se menciona que esto se puede lograr mediante un ambiente lúdico.

Desde esas posturas, no será difícil admitir que una escuela que enseña “bien” es aquella que ofrece actividades escolares entretenidas o lúdicas, y que un “buen” docente es aquel que recurre a ejemplos “jocosos” e instruye de forma amena y dinámica, evitando “aburrir” a sus estudiantes con el saber teórico.

En este sentido, la estrategia educativa transmitida por TV intenta ser una opción, además de pedagógica, placentera para los educandos. Posiblemente, por ello incorpora a la figura de “Ajolisto” (un personaje que se encarga de recordar a los niños cómo lavarse las manos).

Igualmente, “Panchito”, “Raulito” o “Superyoliztli” son protagonistas que favorecen el carácter lúdico y entretenido de la enseñanza, la cual, se complementa con expresiones como “vamos a aprender de forma divertida”; mismas que suelen emplear los diferentes conductores de los programas.

No obstante, y parafraseando a Ricardo Moreno Castillo, una enseñanza lúdica no inculca el hábito de estudiar, antes bien, se convierte en un aparcamiento hacia los pobres, a los que se les entretiene mientras se convierten en mano de obra; ello no hace más que quitar a los chicos la oportunidad de cultivarse en serio.

Por consiguiente, las estrategias pedagógicas “divertidas”, pueden estar generando “escuelas de la ignorancia” en tanto que entretienen y divierten a los pupilos; y como resultado, los alumnos estarían perdiendo la magnífica oportunidad de educarse con cierta seriedad.

Sin embargo, la idea de que “sólo jugando se aprende mejor” se he impregnado en el espíritu del magisterio. El discurso ha llegado a los profesores a través de talleres, diplomamos o cursos, en los que se les solicita diseñar actividades atractivas y lúdicas que motiven el interés y el aprendizaje de los estudiantes.

Tal vez, por esta razón hay docentes que suelen recurrir a todo tipo de malabares y recursos para crear ambientes atractivos o entretenidos para los educandos. Tal
es el caso de los protagonistas de Aprende en casa II, quienes luego de presentarse, generalmente invitan a los televidentes a cantar o bailar.

A partir de ello, se puede advertir que una didáctica contraria formaría parte de los métodos y estrategias obsoletas, memorísticas, mecánicas o repetitivas, a las que  la Autoridad Educativa suele referirse como “tradicionales” por considerarlas poco significativas para los alumnos, y además, un obstáculo para el aprendizaje.

Así pues, surgen otras posturas que han servido para desacreditar el trabajo pedagógico de los educadores, en este caso, en todo lo que tenga de tradicionalista. Entre ellas se encuentran las que demandan al profesorado evitar “repetir saberes”, es decir, dejar de hablar de lo que saben porque es demasiado
arcaico.

Desde este punto de vista, Aprende en casa II contribuye al anti-intelectualismo. En consecuencia, la inteligencia crítica quedaría rebasada y se engrosaría la
ignorancia al detraer la ocasión para estudiar seriamente como argumenta Ricardo Moreno.

Aun así, el carácter divertido y lúdico en la didáctica ha sido de lo más enfático, sobretodo en la educación básica. No obstante, lo que se pudiera estar consiguiendo es la prolongación artificial de la infantilización de los escolares al sumergirlos en contextos entretenidos que llegan a lo insípido del saber.

En suma, valdría la pena reflexionar cuál será la postura de los docentes frente a los cambios pedagógicos que imperan en el sistema educativo mexicano (como la pérdida del pensamiento crítico o el oscurantismo que se viene abriendo paso desde las escuelas y los hogares).

Para ello, sería pertinente que las maestras y los maestros recuperan la pertinencia del saber teórico como elemento que contribuye en la formación de estudiantes críticos, capaces de apreciar el carácter estricto y disciplinado del hábito de estudio más que el carácter lúdico.

Sólo entonces, el saber docente y sus métodos didácticos -incluyendo los denominados “tradicionalistas”- no estarán acabados, por el contrario, podrán ser enriquecidos por quienes pretenden esclarecer los discursos a los que se somete el sistema educativo, y emprender un rumo distinto para sus estudiantes.

Autor: Jaime Bustos Ochoa

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