INSISTE EN MAQUILLAR
Mientras el discurso oficial del gobierno estatal insiste en que en Querétaro “no hay crimen organizado”, los hechos registrados a lo largo de 2026 cuentan una historia distinta. Detenciones federales, ejecuciones en espacios públicos y la presencia documentada de células criminales han colocado al estado en el radar de la violencia que se expande por el Bajío, pese a los intentos por minimizarla desde el poder.
Cabe destacar que en los primeros meses del año, operativos federales desmantelaron células ligadas a organizaciones criminales nacionales, con decenas de detenidos, armas de alto poder, drogas y casas de seguridad aseguradas. Ninguno de estos golpes se habría logrado sin inteligencia previa que confirmara lo que el gobierno estatal se empeña en negar: el crimen organizado sí opera en territorio queretano.
A la par, los hechos de sangre comenzaron a romper la narrativa de “isla segura”. Un homicidio dentro de un centro nocturno en la capital, ataques armados en municipios conurbados y ejecuciones vinculadas al narcomenudeo evidenciaron disputas por el control de zonas estratégicas. La violencia dejó de ser un fenómeno “importado” para convertirse en una realidad local.
Pese a ello, el gobernador ha reiterado públicamente que en Querétaro solo hay “delincuencia común”, una afirmación que contrasta con los reportes de autoridades federales y con la participación constante de Ejército, Marina y Guardia Nacional en operativos dentro del estado. Si no existiera crimen organizado, no serían necesarios cateos simultáneos ni despliegues federales de gran escala, como los vistos este año.
La negación oficial no solo resulta insostenible, sino peligrosa. Minimizar el problema impide reconocer su dimensión real y limita la construcción de estrategias integrales para contenerlo. Mientras se presume una baja en cifras oficiales, la percepción de inseguridad entre la población sigue en aumento, alimentada por hechos violentos cada vez más visibles y cercanos.
Querétaro enfrenta hoy un dilema claro: seguir sosteniendo un discurso político que busca proteger la imagen del estado, o aceptar que la violencia organizada ya tocó la puerta y exige respuestas más allá de comunicados optimistas. La nota roja de 2026 no es una exageración mediática; es el reflejo de una realidad que, aunque se niegue desde el Palacio de Gobierno, ya está presente en las calles.
Mientras Querétaro acumula ejecuciones, masacres, cateos federales y operativos contra células criminales, el gobernador Mauricio Kuri González insiste en una narrativa de tranquilidad que no se sostiene en los hechos. A ello se suma un elemento que ha generado cada vez más molestia social: los constantes viajes del mandatario al extranjero, justo cuando la violencia ha dejado de ser excepcional para convertirse en recurrente.
Desde el inicio de su administración, Querétaro ha experimentado un deterioro progresivo en materia de seguridad. El discurso oficial repite que en el estado no hay crimen organizado, pero la realidad lo contradice con sangre. Ejecuciones ligadas al narcomenudeo, ataques armados en bares, balaceras en zonas urbanas y decomisos de armas de alto poder se han vuelto parte de la agenda informativa.
El quiebre definitivo ocurrió en noviembre de 2024, con la masacre del bar “Los Cantaritos”, donde un comando armado asesinó a 10 personas en pleno centro de la capital. Fue un hecho sin precedentes que marcó un antes y un después. Aun así, el gobierno estatal optó por minimizar la tragedia y pedir que no se “politizara” el tema, mientras la violencia continuó escalando durante 2025 y lo que va de 2026.
En los meses recientes, operativos encabezados por Marina, Ejército y Guardia Nacional derivaron en la detención de decenas de presuntos integrantes de células criminales vinculadas a cárteles nacionales. Casas de seguridad, drogas, armas largas y redes de distribución fueron aseguradas en distintos municipios. Todo ello evidencia una verdad incómoda: si no hubiera crimen organizado, no habría despliegues federales de esta magnitud.
Sin embargo, mientras Querétaro enfrenta estos episodios, el gobernador Kuri ha mantenido una agenda constante de viajes al extranjero, bajo el argumento de atraer inversiones y promover al estado. La pregunta que crece entre la ciudadanía es inevitable: ¿quién gobierna Querétaro mientras su mandatario está fuera del país? ¿Quién asume la responsabilidad política cuando la violencia golpea las calles?
El contraste es contundente. Un estado que lidia con ejecuciones y percepción creciente de inseguridad, frente a un gobernador que insiste en vender una imagen de estabilidad desde foros internacionales. La seguridad no se resuelve con presentaciones en el extranjero ni con discursos optimistas, sino con presencia, reconocimiento del problema y acciones coordinadas.
Las cifras oficiales pueden matizar la realidad, pero la violencia es cada vez más visible y cercana. La percepción de inseguridad ha crecido, no por campañas mediáticas, sino porque los hechos hablan por sí solos. Negar la existencia del crimen organizado no lo elimina; por el contrario, lo normaliza y lo deja operar en silencio.
Querétaro no necesita un gobernador turista ni un discurso que maquille la nota roja. Necesita un gobierno que asuma la gravedad del momento, que deje de negar lo evidente y que enfrente, con seriedad y responsabilidad, una violencia que ya dejó de ser ajena. Porque mientras el poder viaja al extranjero, la inseguridad se queda en casa. Ahora lo realmente importante es que este último gobierno panista no ha entendido que esta actitud, ya no es pertinente ante una sociedad queretana que ya no responde a los intereses de pocas familias como era antaño. Las mentiras y sobre todo las acciones en favor de unos pocos ya no se pueden dejar pasar así como si nada y la gente es consciente de lo que está pasando realmente en nuestro estado. La derecha queretana se convirtió en un recurso de poder impenetrable por un tiempo y si aún existen medios de comunicación que subsisten gracias a las canonjías oficiales, hay que darse cuenta que la promoción política ya no es cosa de letras e imágenes, sino de hechos claros en el campo social, político y económico. Desgraciadamente, de esto no se han dado cuenta los gobernantes del PAN y sus líderes, ya que cada vez más se alejan de las necesidades reales de la ciudadanía. Todo ello, claro si no hay “chanchullo” el poder en Querétaro seguramente cambiará de manos en las próximas elecciones. Pero como siempre, la mejor opinión es la de Usted Querido Lector.

