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México hace historia

Tras el duelo entre México y República Checa, México volvió a cumplir con el resultado: ganar contundentemente por tres goles a cero, lo que , en un Mundial, nunca es poca cosa. El Tri logró imponerse y asegurar el primer lugar de su grupo, manteniéndose invicto y alimentando la ilusión de millones de aficionados que sueñan con ver a la selección hacer historia. Sin embargo, más allá de los números y la posición en la tabla, persiste una sensación que acompaña al equipo desde el inicio del torneo: México sigue sin convencer del todo en lo futbolístico.

El marcador puede reflejar superioridad, pero el funcionamiento colectivo todavía deja dudas. Por momentos, el equipo muestra orden y solidez defensiva, pero ofensivamente sigue faltando creatividad, contundencia y mayor capacidad para dominar a rivales de mayor exigencia. Hay lapsos en los partidos donde el Tri parece perder intensidad y depender más de individualidades que de un sistema realmente consolidado.

Aun así, sería injusto ignorar lo que esta selección ha provocado en el país. En tiempos donde abundan las preocupaciones cotidianas, el futbol vuelve a convertirse en un punto de encuentro, en una fuente de alegría colectiva. Cada triunfo de México genera esperanza, une familias, llena plazas y hace que por noventa minutos millones de mexicanos crean en algo más grande que ellos mismos.
Esa esperanza incluso ha sido alimentada por la cultura popular. Muchos recuerdan aquel episodio de The Simpsons donde, de manera casi profética, parecía insinuarse un logro histórico para México en el futbol. Aunque se trate de una referencia divertida, refleja algo muy mexicano: la capacidad de aferrarse a la ilusión, incluso cuando la lógica dice lo contrario.


Porque en el futbol, como en la vida, nada está escrito. No hay imposibles. Las grandes gestas nacen precisamente cuando pocos creen en ellas. México aún tiene mucho que mejorar si quiere competir contra las potencias mundiales. Necesitará elevar su nivel, corregir errores y jugar con mayor personalidad en las fases decisivas.
Pero por ahora, el balance es positivo: primer lugar de grupo, invicto y con la afición completamente entregada. Tal vez México todavía no enamora con su juego, pero sigue avanzando. Y mientras siga avanzando, la ilusión seguirá viva.

La gran pregunta ya no es si México puede mejorar. La verdadera pregunta es: ¿será este, por fin, el Mundial donde el Tri rompa sus límites y haga un papel histórico?
La afición ya hizo su parte: creer. Ahora le toca a la selección demostrar que esta vez la esperanza puede convertirse en realidad.

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