Tras la verdad: Claudia Mijangos Arzate Inocente

Héctor Parra Rodríguez

Aún recuerdo con absoluta claridad algunas de las conversaciones que sostuve con la señora Claudia Mijangos Arzate, cuando estuvo internada en el Centro de Readaptación Social, en el área de separos. Había sido acusada por el triple homicidio de sus pequeños hijos. Fue calificada por tan tremando horror de mil maneras; más nadie reparaba en su problema mental por el que sufría: la esquizofrenia. “La maldita esquizofrenia” ¿Qué es la esquizofrenia? Es el trastorno que afecta la capacidad de una persona para pensar, sentir y comportarse de manera lúcida. Es una enfermedad mental grave que afecta algunas funciones cerebrales como el pensamiento, la percepción, las emociones y la conducta. Sufren trastornos psicóticos en la que los pacientes pierden contacto con la realidad. A pesar de la grave e incurable enfermedad que sufría la señora Mijangos, fue procesada y tratada como cualquier criminal, recluida durante todo el proceso penal, en el Centro de Readaptación Social, de San José el Alto, Querétaro.

Al platicar con ella, era evidente su trastorno mental, su comportamiento no era normal, sobre todo si no estaba medicada. Por eso se le recluía en lugar separado, en un espacio que no medía más allá de 2 mts de fondo, por metro y medio de ancho. Un encierro inhumano que las autoridades toleraron ¿Derechos humanos? ¿Cuáles? Mientras los medios de comunicación la destrozaron, la casa que era su hogar, se convirtió en lugar de morbo, de visitas nocturnas, poco a poco fue siendo destruida y las leyendas fueron creándose. El inmueble se ubica en la Colonia Jardines de la Hacienda, de la capital queretana. La autoridad tuvo que cercar la casa para evitar las visitas morbosas y enfermizas. Su historia fue narrada en una serie a nivel mundial, por medio de una cadena televisiva internacional; la convirtieron en película de la pantalla “chica”. Todo un espectáculo el de la señora Claudia Mijanjos, sin que nadie la defendiese. Autoridades indolentes y medios de comunicación abusivos, explotando el morbo de las personas convertido en negocio, a causa de una tremenda desgracia familiar. La madre que mata a sus 3 menores hijos, no tenía calificativo que pudiera describir la dantesca escena desgarradora. Pero ¿Acaso alguien intentó justificar la causa como producto de una tremenda enfermedad? No hay política de Estado que atienda estos asuntos y las familias que, por desgracia llegan a tener un enfermo de tal envergadura, tienen que resolver su propio problema. De la nada, poco a poco la enfermedad aparece y se desarrolla. En mi experiencia como Juez de lo Familiar, tuve la oportunidad de conocer varios casos de la “maldita enfermedad”. Los familiares promovían juicios de interdicción por incapacidad mental. La familia pide al juez declare incapaz al enfermo para la toma de decisiones; se le nombra un tutor que vele por el bienestar del enfermo mental y se eviten males mayores, en su caso, administrar su patrimonio ¿Y el enfermo? Tristes y desgarradores son esos juicios. Los peritos en psiquiatría deben emitir dictamen para determinar la enfermedad mental. Se declara incapaz a la persona a quien se le pretenden suspender todos sus derechos civiles y trasladarlos al tutor. La familia, quien normalmente tramita el juicio, se resquebraja, máxime cuando hay hijos de por medio. Al final el Juez declara la incapacidad.

También conocí dos casos de mujeres enfermas de esquizofrenia; siempre “dopadas” para evitar causaran mal a terceros o a ellos mismos. Las dos terribles experiencias terminaron en suicidios y las autoridades simplemente así lo declaran y nada pasa, el expediente se archiva ¿Responsabilidad del Estado por falta de políticas públicas para atender este mal? Ninguna responsabilidad y la vida continúa. Los diputados casi siempre ignorantes, desconocen, ignoran el tema y nada legislan al respecto. Una de las mujeres que comento, se incrustó un enorme cuchillo en el cuello, lo poco que pudo decir cuando salían de su cuello borbotones de sangre: “ya no aguanto esta vida”. La otra, con hijos pequeños, consumió veneno para roedores, hizo crisis el trastorno. En ambos casos, simplemente fe un suicidio y ya ¿Por qué entonces la saña con la señora Mijangos? 30 años recluida en un psiquiátrico y cuando sale del hospital vuelven a la carga los medios de comunicación; no piense mal, no fue pena de prisión como sanción penal los 30 años, según la ley; fue una medida dictada por la autoridad judicial para su tratamiento, cuando científicamente se sabe que ese trastorno mental no tiene cura ¿Por qué entonces 30 años de su vida encerrada? Apenas obtiene su libertad y vuelve la prensa a recordar la tragedia; las preguntas van y vienen de nueva cuanta ¡Sociedad perversa e inconsciente!

El caso de la señora Claudia Mijangos de Arzate, debe ser un ícono para las autoridades, partir de ahí para crear políticas públicas que atiendan esta grave enfermedad que para la sociedad no existe; pero está inmersa en el medio, el mal pulula silenciosamente y no se sabe quién tiene el trastorno, quién trata al enfermo ¡Puede estar en la familia de cualquiera! Y simplemente se les califica de “locos”. La autoridad debe iniciar una política pública que estudie las causas del trastorno, las medidas que se deben adoptar y los peligros que conlleva; además es costoso el tratamiento de por vida que debe llevar el paciente. Y no dejar que las cosas sucedan como si no existiesen. Como los ejemplos que comento, hay otros tantos a lo largo y ancho de la República Mexicana. Así como el gobierno federal crea programas para dar apoyos económicos a quienes no los necesitan, debe generar políticas públicas, programas y atenciones para prevenir y atender todos los casos de enfermedad por esquizofrenia. Nunca nadie lleva estadística de enfermos, tratamientos y destinos de los enfermos, dado que la autoridad desconoce la realidad del problema de la esquizofrenia y la omite. El trágico caso de la señora Claudia Mijangos, debe ser punta de lanza para iniciar con los trabajos. Los legisladores, tanto locales como federales, tienen todo para crear un marco jurídico para ayudar a las familias que transitan por este tremendo mal. Sobre todo, para prevenir. Y no simplemente hagan escarnio de una desgracia familiar, que en su momento conmovió a la sociedad queretana y sirvió a muchos para lucrar con el infortunio de una familia.

Héctor Parra Rodríguez

 

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