EDITORIAL
¡ INDIGNA LA CORRUPCIÓN!
¿Y POR QUÉ NO INDIGNARNOS TAMBIÉN LA DE OTROS?
Javier López Velarde Luna
La polémica por los contratos del Instituto Nacional Electoral (INE) y los señalamientos contra Guadalupe Taddei han desatado una nueva ofensiva de la oposición contra la Cuarta Transformación. Los panistas anuncian denuncias y exigen investigar presuntas irregularidades, mientras algunos medios de comunicación convierten el asunto en uno de los principales escándalos políticos del momento.
¡Y claro que indigna la corrupción! Indigna que se abuse de los recursos públicos, que existan sospechas de favoritismos en las contrataciones y que alguien pretenda utilizar las instituciones para beneficiar intereses particulares. Pero, si de indignación se trata, también hay que mirar hacia el otro lado de la historia. La corrupción no puede indignarnos solamente cuando salpica a Morena, mientras se minimiza cuando aparece en las filas del PRI o del PAN.
Hay un antecedente que merece la misma atención: en 2019, el PRI recurrió a Corporativo ZEG en un contrato por 21 millones de pesos, en el contexto del proceso en el que Alejandro Moreno, Alito, obtuvo la dirigencia nacional del partido. La relación contractual debe examinarse con los documentos correspondientes para establecer sus alcances y determinar si existieron irregularidades. Pero la pregunta política es inevitable: ¿por qué este antecedente no recibe el mismo nivel de escrutinio que ahora se dirige contra el INE?
Si el uso de esa empresa representa hoy un motivo para exigir explicaciones, ¿por qué no habría de serlo también cuando aparece vinculada con contrataciones del PRI? ¿Acaso la transparencia tiene un criterio para Morena y otro para los partidos que durante décadas ocuparon el poder?
¡No se puede exigir una investigación implacable para los adversarios y guardar silencio cuando los señalamientos apuntan a los propios!
El PAN y el PRI tienen todo el derecho de denunciar posibles actos de corrupción, pero también tienen la obligación de aceptar que sus propios antecedentes sean examinados con el mismo rigor. Presentar una denuncia no convierte automáticamente a nadie en culpable, del mismo modo que pertenecer a Morena no debe servir para condenar anticipadamente a ningún funcionario.
Aquí es donde la discusión debe ir más allá de los ataques partidistas. Si existen contratos cuestionables, que se investiguen. Si hubo sobreprecios, favoritismos, conflictos de interés o desvíos de recursos, que se presenten las pruebas y se castigue a los responsables. Y si Corporativo ZEG participó en operaciones que ameritan revisión, que se examinen todas las contrataciones relevantes, sin importar quién haya sido el cliente.
También llama la atención el tratamiento que medios como Radio Fórmula, Latinus y TV Azteca han dado a la controversia. La crítica al poder es legítima y necesaria, pero el periodismo pierde credibilidad cuando el público percibe que algunos casos reciben una cobertura desproporcionada, mientras otros antecedentes políticos no ocupan el mismo espacio.
Durante los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto hubo escándalos, acusaciones e investigaciones por presuntos actos de corrupción. No sería responsable afirmar, sin pruebas, que los medios callaban a cambio de dinero; sin embargo, sí es válido preguntar si el escrutinio periodístico fue siempre igual de severo con todos los gobiernos y partidos.
La ciudadanía tiene derecho a exigir que se investigue tanto el presente como el pasado. No basta con exhibir las presuntas irregularidades de los adversarios: también hay que revisar las propias. La memoria pública no puede ser selectiva ni quedar sometida a las conveniencias de los intereses políticos o empresariales.
En medio de esta controversia, hay un punto que merece destacarse: los señalamientos de corrupción deben investigarse incluso cuando involucran a funcionarios o instituciones vinculados con la Cuarta Transformación. La transformación de la vida pública no consiste en proteger a los propios, sino en exigir responsabilidades sin importar la afiliación política.
La 4T ha colocado el combate a la corrupción entre sus principales banderas. Por eso, cada denuncia debe traducirse en investigaciones serias, transparencia en los contratos y consecuencias jurídicas cuando se acrediten delitos. Esa exigencia debe aplicarse al INE, a Morena, al PRI, al PAN y a cualquier institución que maneje recursos públicos.
Si Guadalupe Taddei o cualquier otro funcionario incurrió en alguna irregularidad, deberá responder conforme a la ley. Pero si existen antecedentes de contrataciones cuestionables relacionadas con el PRI de Alejandro Moreno, también deben revisarse. No hay razón para que una investigación avance con rapidez contra unos y se quede en el olvido cuando aparecen otros nombres.
La diferencia entre un discurso anticorrupción y un verdadero compromiso con la transparencia está en los hechos: expedientes, auditorías, pruebas y sanciones, no solamente conferencias de prensa y acusaciones ante los reflectores.
Porque la corrupción no se combate con campañas de desprestigio ni con dobles discursos. Se combate investigando, documentando y sancionando, sin privilegios ni excepciones.
¡Que se investigue el caso del INE, pero también el del PRI! ¡Que se revisen los contratos de Corporativo ZEG y cualquier otra empresa señalada! ¡Que respondan los responsables, sean morenistas, panistas o priistas!
La ciudadanía está cansada de la doble moral. No quiere una oposición que se indigne únicamente cuando puede golpear a Morena, ni un gobierno que se conforme con denunciar las corruptelas del pasado. Quiere resultados, transparencia y justicia.
Porque la corrupción indigna venga de donde venga. Y si la Cuarta Transformación pretende consolidar su compromiso con la honestidad, debe demostrar que no habrá intocables. Pero esa misma regla debe alcanzar a quienes hoy se presentan como fiscales de la moral pública después de haber formado parte de los partidos que gobernaron durante décadas.
La ley debe ser pareja. La investigación también. Y la indignación, si de verdad es sincera, no puede tener colores partidistas. Pero como siempre, la mejor opinión, es la de Usted.
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