Era de esperarse
Javier López Velarde Luna
Era de esperarse que nada más diera inicio un nuevo Gobierno en México y que en esta ocasión legitimó el pueblo de México a través de un desprestigiado sistema democrático, que siempre ha puesto en tela de juicio la verdad sobre nuestros gobiernos y su autenticidad derivada de esta basura comicial.
Pero, era de esperarse, ya que después de tanta corrupción en México no es fácil discernir entre la verdad y la mentira, entre la manipulación histórica de un pueblo alienado por gobiernos que alteran la verdad siempre apoyados por medios comprados.
El Presidente de México Andrés Manuel López Obrador tiene ante sí un problema complejo, un problema gigante e histórico que representa, una marea conservadora que aprovecha la idiosincrasia mexicana. La desunión que tiene raíces ancestrales en nuestro pueblo se aprovecha íntegramente por quienes son sabedores de lo fácil que es manejar masas y lo fácil que es aprovechar la inercia costumbrista de creer en las campañas de desprestigio dirigido y solventadas en intereses de grupos de poder , que obviamente se ven alteradas ahora, por un inminente cambio de ideas que se maneja en el nuevo Gobierno Federal.
Era de esperarse la inconformidad y la intolerancia de grupos que se han visto desfavorecidos por una nueva política económica, política y social que representa el nuevo régimen presidencial.
Desde hace unos años atrás, en los que el Presidente ahora electo, Andrés Manuel López Obrador buscaba ya la Silla Presidencial, la estructura gubernamental que se creía intocable y sobre todo perecedera por el resto de la historia, secuestrando al país, vio amenazada su hegemonía y en la persona de López Obrador vislumbraba ya una posible desestabilización a sus intereses de poder, por lo que se creó una campaña de desprestigio total e incluso acusaron de “Peligro para México” a quien buscaba realizar verdaderamente un cambio en la forma de dirigir a nuestra Nación, esta campaña, entre otras más, tuvo eco obviamente ante quienes creían que su patrimonio se vería afectado por el candidato López Obrador.
Sin embargo, a pesar de estos años de generación y promoción del odio a un aspirante diferente a la Presidencia Federal, llego el momento en que la gran mayoría de la población dio luz verde al triunfo del ahora mandatario nacional.
Era de esperarse que el sistema corrupto del poder arraigado por muchos años en nuestra tierra, manifieste ahora desesperadamente , con estrategias provocadoras como marchas y protestas continúas, así como propaganda en redes sociales que buscan crear incertidumbre marcando de errores la incipiente gestión del llamado “PEJE”.
Era de esperarse que aquellos que se asustan por tales campañas y se dejan llevar por el sistema conservador intencionalmente conservador, incluso en su momento , alardearon sobre la posibilidad de dejar el país si Obrador llegaba al poder y que México se convertiría en otra Venezuela, ahora todo este sector de la población inconforme, ataca lo que ellos llaman “estupideces” del mandatario Obrador y celebran que se equivoque quien realmente lleva el timón de un barco tan dañado que por años ha corrido el riesgo de hundirse.
Esto pone en evidencia la poca unidad de nuestro pueblo mexicano, que en lugar de apoyar un nuevo régimen que ha demostrado buscar soluciones a toda una historia de corrupción y desigualdad social, de represión, falta de congruencia y solidaridad ante los mexicanos.
Un país en ruinas por décadas y décadas no se puede levantar en pocos meses. La falta de lealtad con el país, era de esperarse también.
Los intereses propios de los inconformes no los dejan comprender que es necesario que el país se solidarice… cuando menos se deje trabajar a la nueva administración en este inicio sexenal.
Era de esperarse que no tengamos confianza en el Gobierno después de tantos años de desesperanzas y traiciones. La paradoja es que quienes impulsaron toda la descomposición social, política y económica del país, ahora le pide cuentas inmediatas al nuevo Presidente en un país tan complejo al borde del colapso, colapso que ellos mismos han causado.
Los partidos de siempre PRI y PAN en su momento alardeaban de los mismo que ahora se trata de hacer en el nuevo gobierno, terminar con la corrupción y la pobreza e incluso de luchar por la democracia, pero ahora que ven que hay alguien que está tratando de hacerlo en realidad….precisamente, lo bloquean y obviamente demuestran su poco interés de que el país levante.
¡Era de esperarse!

